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El Bosque Que Canta

  • ruthmariaartista
  • 9 jul
  • 1 min de lectura

En un bosque de pinos, donde el gris susurra silencio, el invierno se despliega con copos que caen como plumas, acariciando la tierra como bendiciones suaves del cielo.

En el corazón de la escena, Papá Noel como símbolo radiante de abundancia y plenitud ofrece alimento a tres conejos que se acercan sin miedo, como almas confiadas que reconocen la bondad encarnada. A lo lejos, un cervatillo reposa, testigo silente de un acto que transforma el frío en calor.

Un cardenal posa sobre una rama, mensajero escarlata de quienes ya cruzaron el velo, recordándonos que el amor no se pierde, sino que vibra en cada rincón de este bosque sagrado.

En este lugar, la nieve canta y el amor eterno observa.


Dedicatoria: "A quienes vibran en la ternura del dar…"

Este cuadro es un portal de plenitud.

Que al mirarlo, se disuelva la bruma de la carencia y florezca el recuerdo del amor sin condiciones.

Que la ternura de Papá Noel al alimentar a los conejitos resuene en tu alma como un eco antiguo, recordándote que dar también es recibir, y que la abundancia verdadera se manifiesta al compartir. Que el cardenal, mensajero escarlata, te susurre que los que cruzaron el velo siguen danzando en este bosque de luz, cantando contigo en cada copo que cae. Y que el cervatillo te recuerde: la contemplación también es oración.

Este cuadro bendice, abraza y vibra. Recíbelo con el corazón abierto, como los conejitos. Y que su magia te devuelva a la frecuencia del milagro cotidiano.

 
 
 

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